NEUROCIENCIA. EL CASO PARTICULAR DE ANTONIO DAMASIO

ÍNDICE

1. Introducción
2. Antonio Damasio
3. Su mirada de Descartes
4. Conclusión
5. Notas
6. Bibliografía

 

1. Introducción

La filosofía, como eje sistematizador de saberes, se sigue preguntando por el hombre, vértice y centro de lo creado. Y el mismo conocimiento empírico del hombre le sigue imputando preguntas a la filosofía. Y es auspiciable que eso ocurra.

Desde hace más de cincuenta años las neurociencias gozan de un prestigio creciente y han hecho su ingreso a sectores hasta ahora asignados a la filosofía o la psicología. Hoy las neurociencias se ocupan de temas cómo la percepción, la inteligencia, el lenguaje, las emociones, la conciencia, el yo personal, las decisiones éticas, las opciones de género, la estética y la educación.

Muchas  conclusiones serán válidas y algunas de ellas, débiles y poco convincentes. Los descubrimientos científicos neurobiológicos, se presentan con una dosis de confiabilidad significativa merced a la seguridad de los métodos empíricos y hasta prometen un horizonte de futuro que ampliaría las posibilidades humanas en cuanto no sólo a la extensión de vida sino a la misma calidad de vida. Ello, ¿perfilaría una nueva imagen del hombre? ¿Habría que esperar una nueva amplitud de dimensiones del yo personal? Las decisiones éticas, por ejemplo, ¿estarían condicionadas o subordinadas al trasfondo neurofisiológico de cada persona y su contexto?

Desde la mirada de la filosofía personalista surgen interrogantes sobre el alcance de las estas investigaciones, que a veces complementan y otras sustituyen las reflexiones típicas de la antropología, la gnoseología y la ética. En nuevo contexto cultural, signado por el avance científico y tecnológico, la clásica cuestión de las relaciones entre filosofía y ciencias se reedita. Pero con nuevo vigor, con más bibliografía disponible, con nuevas pretensiones. Además, el terreno de discusión –si se puede hablar así- es nuevo. La neurobiología informa con detalle y amplitud acerca de muchos aspectos de la vida humana –sobre todo el mundo conductual y la toma de decisiones-, mientras que la filosofía no por eso pierde validez, sino que por el contrario, se vuelve más necesaria. ¿Por qué? Porque la filosofía no pierde su vocación de poner luz y orientar cualquier logro humano. Y dado que lo humano es lo más importante aquí, pues parece claro que en no pocas oportunidades deberían ambas disciplinas, trabajar juntas y hacer posible el rico diálogo interdisciplinar. Nos detenemos sólo en el análisis de un autor contemporáneo, Antonio Damasio.

 

2. Antonio Damasio

Portugués radicado en los Estados Unidos, es un neurobiólogo cognitivo de fama internacional (1944). Gracias a sus experiencias clínicas, expuso sus investigaciones con un estilo humanista y con muchas reflexiones antropológicas en obras ampliamente conocidas como Descartes: Error (1994),  The Feeling of What Happens (1999), Looking for Spinoza (2003) y Self Comes to Mind (2010).

El objeto principal de sus estudios es la base neural de las emociones y sentimientos como presupuesto para las diversas manifestaciones de la conciencia y del sentido del yo o “sí mismo” (Self).
En su libro El Error de Descartes (1997, pág. 12)nos dice: “Empecé a escribir este libro para proponer que la razón puede no ser tan pura como muchos suponemos (o deseamos); que emociones y sentimientos quizás no son para nada intrusos en el bastión racional: que acaso estén enmarañados en sus redes para mal y para bien. Las estrategias racionales del ser humano, maduradas a lo largo de la evolución (y plasmadas en el individuo), no se habrían desarrollado sin los mecanismos de regulación biológica, de los que son destacada expresión las emociones y los sentimientos”1.

 

3. Su mirada de Descartes

Nos detenemos a continuación –siquiera en breve- en el análisis de algunas hipótesis de un libro clave de Damasio: El error de Descartes.

Allí señala la insuficiencia de este filósofo que inicia la modernidad (el primero que hace traducir sus escritos del latín al francés), por haber separado la mente pensante de las emociones, que en su nivel básico tienen que ver con la corporeidad y afectan a la cognición de las cosas y del sí mismo.

Expone allí su hipótesis del “marcador somático”, según la cual ciertas sensaciones emotivas son señales somáticas que influyen en la toma de decisiones y razonamientos. “Los marcadores somáticos son un caso especial de sentimientos generados a partir de emociones secundarias. Estas emociones y sentimientos se han conectado, mediante el aprendizaje, a futuros resultados, previsibles en ciertos escenarios. Cuando un marcador somático negativo se yuxtapone a un resultado futuro posible, la combinación funciona como un campanazo de alarma. A la inversa, cuando la yuxtaposición  se refiere a un marcador somático positivo, la señal se transforma en elemento incentivador. Esa es la esencia de la hipótesis del marcador somático”2.

Desde aquí Damasio profundizó en el papel positivo de las emociones en el conocimiento incluso racional. Hizo ver la importancia del conocimiento de los objetos sensibles ambientales para la captación del propio cuerpo y el rol de tal captación en la formación de la conciencia. Profundizó en la importancia de la corteza anterior del giro cinglado en la producción de emociones y sentimientos, que pueden ser conscientes o inconscientes.

Propuso un cuadro sugestivo de diversos tipos de emociones: primarias (como la alegría, la tristeza, la rabia), secundarias (como el orgullo o los celos) y de fondo (bienestar, tensión, calma), así como las motivaciones o impulsos básicos (placer y dolor). Investigó sobre su base biológica y su función, por ejemplo, de tipo homeostática.

En suma: “Este es el error de Descartes: la separación abismal entre cuerpo y mente, entre la sustancia medible, dimensionada, mecánicamente operada e infinitamente divisible del cuerpo, por una parte, y la sustancia sin dimensiones, no mecánica e indivisible de la mente; la sugerencia de que el razonamiento, juicio moral y sufrimiento derivado de dolor físico o de alteración emocional pueden existir separados del cuerpo”3.

En La sensación de lo que ocurre, Damasio ve a las emociones como la base neurofisiológica de la conciencia. Propone la distinción entre una conciencia nuclear o sentimiento consciente de base de que se tiene un cuerpo con relación a objetos significativos del ambiente, y una conciencia autobiográfica o extendida que añade la proyección del sujeto en el tiempo, con un pasado y un futuro, junto con la expresión lingüística. Por debajo de la conciencia estaría el llamado proto-yo, pre-consciente, constituido por una estructuración dinámica de mapas neurales interactivos –comprendiendo circuitos y redes neuronales– que dan lugar a sensaciones primordiales del propio cuerpo. En los estadios sucesivos conscientes siguen siendo importantes las interacciones y confrontaciones entre los diversos mapeos neurales que el cerebro opera sobre los estados corpóreos y la percepción de los objetos del medio ambiente.

Damasio se concentra en los aspectos estrictamente neurales de las emociones y la conciencia. Las emociones son vistas como un conjunto característico de respuestas neurobioquímicas. Los sentimientos son una percepción o “idea” de los estados del cuerpo, estados –advertidos gracias a los mapeos neurales– que en su base son los sentimientos de bienestar o sufrimiento, en un contexto de búsqueda vital de un equilibrio homeostático.

En sus dos últimas obras, este autor sobrepasa el ámbito de la estricta investigación empírica y presenta una auténtica antropología, con tonos algo esfumados pero asumiendo, en definitiva, un planteamiento materialista, marcado por cierta adhesión a la filosofía de Spinoza a causa de su visión de la mente y el cuerpo como dos modalidades de una única substancia.

Los eventos mentales y neurales serían equivalentes. En la especie humana, igual que en los animales superiores, pero de un modo más alto, se da como un “conato” en función de la supervivencia y el bienestar. Ese conato está centrado en el dinamismo de los sentimientos, un dinamismo orientado a la homeostasis, la cual hace nacer las diversas configuraciones sociales, como el derecho, la ética y las distintas formas de la religiosidad. La conducta ética, presente ya en sus bases en los animales superiores, nace de cierta regulación biológica y es como un dispositivo homeostático destinado a potenciar el bienestar vital humano. La “mente” emerge desde procesos cerebrales. Corresponde a la conciencia, que en último término sería la conciencia de sí que tiene el cuerpo humano.

Damasio piensa que estamos en el mundo, desoladamente solos y que nada hay detrás de la muerte. Sin embargo, mira con simpatía a las religiones que estimulan los sentimientos positivos y ve en las experiencias espirituales humanas un elemento enriquecedor que se concentraría en sentimientos de armonía, belleza, paz, comunicación. Es una espiritualidad absolutamente volcada al cuerpo. Al bien del cuerpo.

 

4. Conclusión

Las investigaciones de este estudioso sobre las relaciones entre la conciencia, el cuerpo, las emociones y los sentimientos, pese a algunas imprecisiones y a veces confusiones, presentan algunos aspectos positivos que es necesario advertir.
En primer término, sirven para corregir la visión racionalista del hombre. La persona no se sólo “racionalidad” o “intelectualidad”. Es un todo, espiritual, psíquico, corpórero, emocional, social. Esta memoria por ende, es incorporable a una antropología personalista, de suyo ontológica y trascendente.

Pero, me animo a decir, aquí está el error de Damasio: el destacado neurocientífico  autor no llega aún a esa visión integral, completa, a causa de su enfoque predominantemente neurobiológico (materialista) de la persona humana. Por eso incluso niega la inmortalidad del alma.

En esta línea,  no faltan médicos contemporáneos que incluso defienden la postura de dejar de definir al hombre por su racionalidad y proponen la sustituyan por lo emotivo. “No somos seres racionales; somos seres emotivos que razonan”, se suele decir. Una vez más, la parte en lugar del Todo, el fragmento usurpando un lugar de preeminencia que no es suyo.

 

5. NOTAS

DAMASIO, A., El Error de Descartes, ed. Andrés Bello, Santiago de Chile, 1997, pág. 12.
2 DAMASIO, A., Ídem, pág. 200.
3DAMASIO, A., Ídem., págs. 277-278.

 

6. BIBLIOGRAFÍA

  • DE LA TORRE, Javier; “Neurociencia, Neuroética y Bioética”; Universidad Pontificia Comillas, Madrid, 2014.
  • ECHARTE, L. E., Cómo pensar el cerebro. Hacia una definición de Neuroética, «Revista de Medicina de la Universidad de Navarra» 48 (2004), pp. 38-41.
  • FUCHS, T., Ethical Issues in Neuroscience, «Current Opinion in Psychiatry» 19 (2006), pp. 600-607.
  • GIMÉNEZ-AMAYA, J. M. y MURILLO, J. I., «Mente y cerebro en la neurociencia contemporánea. Una aproximación a su estudio interdisciplinar», Scripta Theologica 39 (2007) 607-635.
  • GIMÉNEZ-AMAYA, J. M.; Murillo, J. I., Mente y cerebro en la neurociencia contemporánea. Una aproximación a su estudio interdisciplinar, «Scripta Theologica» 39 (2007), pp. 607-635.
  • Neurociencia y libertad: una aproximación interdisciplinar, «Scripta Theologica» 41 (2009), pp. 13-46.
  • “¿Dios en el cerebro? La experiencia religiosa desde la neurociencia”, «Scripta Theologica» 42, (2010) 435-449.
  • SANGUINETTI, Juan José; “Neurociencia y filosofía del hombre”; Editorial Palabra, Madrid, 2014.
  • SGRECCIA, Elio; “Manual de Bioética”. Tomo II: Aspectos médico sociales. Capítulo II: Bioética y psiquiatría; Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2014.

 

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García, José Juan, NEUROCIENCIA. EL CASO PARTICULAR DE ANTONIO DAMASIO, en García, José Juan (director): Enciclopedia de Bioética, URL:http://www.enciclopediadebioetica.com/index.php/todas-las-voces/305-neurociencia-el-caso-particular-de-antonio-damasio

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